Menopausia

La menopausia es el cese permanente de la menstruación. Se considera que ha llegado cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin período menstrual. Marca el final de la etapa reproductiva y se produce de forma natural, generalmente entre los 45 y los 55 años, con una media de 51 años.

La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa vital. Sin embargo, los cambios hormonales que la acompañan pueden producir síntomas que afectan al bienestar y a la salud a largo plazo, por lo que requiere atención y seguimiento individualizado.

Menopausia

Qué es la menopausia

Los ovarios son responsables de la producción de estrógenos y progesterona, las hormonas sexuales femeninas que regulan el ciclo menstrual y la ovulación. A medida que la mujer envejece, los ovarios van reduciendo progresivamente su producción hormonal, lo que provoca que los ciclos se vuelvan más irregulares y la ovulación menos frecuente hasta que cesa definitivamente.

La menopausia ocurre cuando los ovarios ya no liberan óvulos de forma regular y los niveles de estrógenos y progesterona caen de forma permanente. El último período menstrual solo puede identificarse con certeza retrospectivamente, tras un año completo sin menstruación.

La menopausia puede clasificarse en tres etapas:

  • Perimenopausia: período de transición previo a la menopausia.
  • Menopausia: el momento en que se cumplen 12 meses sin menstruación.
  • Postmenopausia: el período de tiempo posterior al último período menstrual.

La perimenopausia

La perimenopausia es el período que comprende los años previos a la menopausia y el año posterior al último período menstrual. Durante esta etapa, los niveles de estrógenos y progesterona fluctúan ampliamente, lo que provoca los primeros síntomas menopáusicos.

Suele comenzar alrededor de los 40 años, aunque puede iniciarse antes. La transición a la menopausia — la parte de la perimenopausia que conduce al último período — dura habitualmente entre 4 y 8 años y se caracteriza por cambios progresivos en el patrón menstrual.

Los ciclos pueden volverse más cortos o más largos, más ligeros o más abundantes, y espaciarse progresivamente. Estos cambios son la primera señal de que los ovarios están reduciendo su actividad.

Síntomas más frecuentes

Los síntomas pueden ser inexistentes, leves, moderados o intensos. Su duración varía enormemente: desde 6 meses hasta más de 10 años. Cada mujer vive esta etapa de forma diferente.

Sofocos y sudores nocturnos

Los sofocos afectan entre el 75 y el 85% de las mujeres. Consisten en una sensación repentina de calor intenso, especialmente en la cara, el cuello y el pecho, que puede ir acompañada de enrojecimiento y sudoración. Duran entre 30 segundos y 5 minutos y pueden ir seguidos de escalofríos. Cuando se producen por la noche se denominan sudores nocturnos y pueden alterar el sueño significativamente. Duran una media de casi 8 años, aunque en algunas mujeres pueden prolongarse más.

Alteraciones del sueño

El insomnio, los despertares nocturnos y la dificultad para conciliar el sueño son frecuentes durante la perimenopausia y la menopausia, en parte relacionados con los sudores nocturnos y los cambios hormonales.

Cambios emocionales

Pueden aparecer cambios de humor, irritabilidad, ansiedad, tristeza o pérdida de concentración. En algunas mujeres puede desarrollarse una depresión que requiere atención específica.

Otros síntomas frecuentes

  • Sensibilidad mamaria.
  • Empeoramiento de las migrañas en mujeres que ya las padecían.
  • Fatiga y dificultad para concentrarse.
  • Sequedad vaginal y molestias durante las relaciones sexuales.
  • Disminución del deseo sexual.

Síntomas de la menopausia

Cambios en la salud tras la menopausia

La disminución de estrógenos tras la menopausia puede producir cambios que afectan a diferentes sistemas del organismo y que conviene vigilar y tratar cuando están indicado.

Salud vaginal y urinaria

El revestimiento de la vagina se vuelve más fino, más seco y menos elástico — lo que se conoce como atrofia vaginal. Esto puede producir dolor o molestias durante las relaciones sexuales. Al mismo tiempo, el adelgazamiento de la uretra puede favorecer infecciones urinarias de repetición, urgencia urinaria e incontinencia. El conjunto de estos síntomas se denomina síndrome genitourinario de la menopausia.

Salud ósea

Los estrógenos protegen el hueso. Su descenso tras la menopausia acelera la pérdida de densidad ósea, especialmente en los primeros cinco años. Esto aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas. La valoración de la densidad ósea mediante densitometría puede estar indicada según la edad y los factores de riesgo de cada mujer.

Salud cardiovascular

Tras la menopausia pueden producirse cambios en el perfil lipídico, con aumento del colesterol LDL, que pueden contribuir a un mayor riesgo cardiovascular. Es importante valorar y controlar estos factores de riesgo de forma individualizada.

Piel

La disminución de estrógenos reduce la producción de colágeno y elastina, lo que puede provocar que la piel se vuelva más fina, más seca y con menor elasticidad.

Diagnóstico

El diagnóstico de la menopausia suele realizarse por evaluación clínica, valorando la edad, los síntomas y el patrón menstrual. En aproximadamente tres cuartas partes de las mujeres no son necesarias pruebas de laboratorio.

Cuando existe duda diagnóstica, en mujeres jóvenes o cuando se sospecha menopausia precoz, puede solicitarse analítica hormonal con determinación de FSH y estradiol. Los niveles elevados de FSH y bajos de estradiol confirman el diagnóstico.

La visita ginecológica también permite valorar síntomas específicos, descartar otras causas y planificar el seguimiento y el tratamiento más adecuado.

Tratamiento

No todas las mujeres necesitan tratamiento farmacológico. La decisión debe tomarse de forma individualizada según los síntomas, la intensidad, los antecedentes médicos y las preferencias de cada paciente.

Terapia hormonal

La terapia hormonal sustitutiva es el tratamiento más eficaz para los sofocos intensos, los sudores nocturnos y los síntomas genitourinarios. También protege el hueso y puede mejorar el bienestar general. Su indicación, pauta y duración deben individualizarse, valorando los beneficios frente a los posibles riesgos según cada caso.

Tratamientos no hormonales

Existen alternativas farmacológicas no hormonales para mujeres que no pueden o no desean usar terapia hormonal, especialmente para el control de los sofocos, el insomnio o los síntomas vaginales. El especialista orientará la opción más adecuada en cada caso.

Tratamientos locales

Para los síntomas vaginales y urinarios, los tratamientos locales con estrógenos de aplicación tópica son muy eficaces y tienen una absorción sistémica mínima, por lo que pueden utilizarse en muchas mujeres con precauciones específicas.

Cuidados y bienestar

Más allá del tratamiento farmacológico, hay hábitos de vida que pueden ayudar a vivir la menopausia con mayor bienestar y a proteger la salud a largo plazo:

  • Mantener una alimentación equilibrada, rica en calcio y vitamina D.
  • Realizar actividad física regular, incluyendo ejercicio de fuerza y de impacto moderado para proteger el hueso.
  • Evitar el tabaco y limitar el alcohol.
  • Cuidar el descanso y la higiene del sueño.
  • Prestar atención a la salud emocional y buscar apoyo cuando sea necesario.
  • Acudir a revisiones ginecológicas periódicas.

La menopausia es una etapa que puede vivirse con salud, bienestar y calidad de vida. El seguimiento médico adecuado y una atención personalizada marcan una diferencia importante.

Bienestar durante la menopausia

Seguimiento personalizado de la menopausia

En Grupo Cabero realizamos una valoración individualizada de cada mujer en la etapa menopáusica para orientar el tratamiento más adecuado según sus síntomas, antecedentes y necesidades, con el objetivo de mejorar el bienestar y proteger la salud a largo plazo.

Solicitar cita

Este contenido es de carácter informativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, consulta con tu ginecólogo.