Cáncer de cuello uterino

El cáncer de cuello uterino, también llamado cáncer de cérvix, es uno de los tumores ginecológicos más frecuentes a nivel mundial. En España se estiman alrededor de 2.300 nuevos casos al año, con una edad media de diagnóstico de 48 años.

La buena noticia es que el cáncer de cuello uterino es uno de los pocos cánceres que puede prevenirse de forma activa, gracias a la vacunación frente al VPH y al cribado mediante citología. Gracias a estas medidas, su incidencia y mortalidad han disminuido de forma significativa en las últimas décadas en los países con programas de prevención bien establecidos.

Detectado en fases precancerosas, el tratamiento es altamente eficaz y las posibilidades de curación son muy altas.

Concienciación sobre el cáncer de cuello uterino

Qué es el cáncer de cuello uterino

El cuello uterino o cérvix es la parte inferior del útero que conecta con la parte superior de la vagina. El cáncer de cuello uterino se produce cuando células de su superficie comienzan a multiplicarse de forma descontrolada.

El desarrollo de este cáncer es habitualmente muy lento. Comienza con cambios celulares precancerosos en el cuello uterino — llamados displasia o lesiones intraepiteliales — que pueden detectarse mediante citología antes de que se conviertan en cáncer. Por eso las revisiones ginecológicas periódicas son tan importantes: permiten detectar estas lesiones en una fase en la que el tratamiento es altamente efectivo.

Los tipos más frecuentes son el carcinoma escamoso, responsable del 70-80% de los casos, y el adenocarcinoma, que representa el 20-25% de los casos.

El VPH como causa principal

Prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino están causados por el virus del papiloma humano (VPH), responsable de más del 99% de los tumores. El VPH es la infección de transmisión sexual más común y se transmite principalmente mediante el contacto sexual íntimo piel con piel.

Existen muchos tipos de VPH. Algunos producen verrugas genitales, mientras que otros — considerados de alto riesgo oncogénico — pueden favorecer cambios celulares que con el tiempo evolucionan hacia un cáncer. Los subtipos 16 y 18 son responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino.

La mayoría de las infecciones por VPH se resuelven espontáneamente gracias al sistema inmunitario. Sin embargo, cuando la infección persiste durante años, puede producir lesiones precancerosas que requieren seguimiento y tratamiento.

Haber tenido una infección por VPH no significa que vaya a desarrollarse un cáncer de cuello uterino. El cribado regular permite detectar y tratar las lesiones antes de que progresen.

Factores de riesgo

Además de la infección por VPH, existen factores que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino:

  • Inicio precoz de las relaciones sexuales.
  • Múltiples parejas sexuales o pareja con múltiples parejas previas.
  • No haberse vacunado frente al VPH.
  • No realizarse citologías de control periódicas.
  • Sistema inmunitario debilitado, por ejemplo por tratamientos inmunosupresores o infección por VIH.
  • Tabaquismo.
  • Antecedentes de otras infecciones de transmisión sexual.

La ausencia de factores de riesgo no garantiza estar protegida frente al cáncer de cuello uterino. Por eso el cribado mediante citología sigue siendo recomendable para todas las mujeres.

Síntomas y señales de alerta

El cáncer de cuello uterino en fases iniciales habitualmente no produce síntomas. Cuando aparecen, suelen indicar una enfermedad más avanzada. Por eso el diagnóstico en fases tempranas depende del cribado, no de los síntomas.

Las señales de alerta más frecuentes son:

  • Sangrado vaginal anormal entre períodos menstruales.
  • Sangrado vaginal después de las relaciones sexuales.
  • Sangrado vaginal tras la menopausia.
  • Períodos menstruales más abundantes o prolongados de lo habitual.
  • Flujo vaginal persistente, acuoso, rosado, con sangre o de olor fétido.
  • Dolor pélvico o dolor durante las relaciones sexuales.

En fases más avanzadas pueden aparecer dolor de espalda, dificultad o dolor al orinar o defecar, hinchazón de las piernas o fatiga persistente.

Estos síntomas pueden tener otras causas distintas al cáncer, pero siempre requieren valoración ginecológica. No deben ignorarse ni confundirse con la menstruación normal.

Prevención del cáncer de cuello uterino

Diagnóstico y cribado

El cáncer de cuello uterino y sus lesiones precancerosas no se pueden detectar a simple vista. Se necesitan pruebas específicas.

Citología cervical (Papanicolaou)

La citología es la prueba de cribado fundamental. Permite detectar células anormales en el cuello uterino antes de que evolucionen hacia un cáncer. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda citologías desde los 25 años, o antes si se tienen relaciones sexuales. Si durante tres años consecutivos los resultados son normales, los controles pueden espaciarse cada dos o tres años.

Prueba de VPH

La detección del VPH de alto riesgo puede realizarse junto con la citología o de forma independiente según la edad y los antecedentes de la paciente. Permite identificar infecciones persistentes por tipos de VPH con potencial oncogénico.

Colposcopia y biopsia

Cuando la citología o la prueba de VPH muestran alteraciones, se realiza una colposcopia: exploración del cuello uterino con un aumento óptico que permite visualizar con detalle la mucosa y detectar zonas sospechosas. Si se observan lesiones, se toma una biopsia para su estudio anatomopatológico, que permite confirmar el diagnóstico.

Otras pruebas

Ante la confirmación de cáncer, pueden indicarse pruebas de imagen como tomografía computarizada o resonancia magnética para valorar la extensión de la enfermedad.

Diagnóstico y cribado del cáncer de cuello uterino

Tratamiento

El tratamiento depende del estadio del tumor, su extensión, el tipo histológico y las características de cada paciente. Se recomienda que sea realizado por un equipo multidisciplinar especializado en oncología ginecológica.

Lesiones precancerosas

Las lesiones precancerosas detectadas en fases iniciales tienen un tratamiento muy eficaz. Pueden tratarse mediante procedimientos ambulatorios como la escisión electroquirúrgica con asa (LEEP), la crioterapia o la conización, que permiten eliminar el tejido alterado conservando el útero.

Cirugía

En fases iniciales del cáncer, la cirugía es el tratamiento principal. Puede consistir en una conización amplia, una histerectomía simple o una histerectomía radical con extirpación de ganglios, dependiendo de la extensión.

Radioterapia y quimioterapia

La radioterapia, sola o combinada con quimioterapia, puede indicarse en estadios más avanzados o como complemento a la cirugía. En algunos casos la quimioradioterapia es el tratamiento principal.

Terapias dirigidas e inmunoterapia

En fases avanzadas o recidivas, pueden considerarse terapias dirigidas e inmunoterapia según las características moleculares del tumor.

Prevención y vacunación

El cáncer de cuello uterino es uno de los pocos tumores malignos que pueden prevenirse de forma activa mediante dos estrategias complementarias.

Vacunación frente al VPH

La vacuna frente al VPH protege frente a los tipos de virus con mayor potencial oncogénico, incluyendo los subtipos 16 y 18. En España está incluida en el calendario de vacunación a los 12 años para niñas y niños. La vacunación es más eficaz cuando se administra antes del inicio de las relaciones sexuales, aunque también puede ser útil en personas que ya han iniciado su vida sexual.

La vacuna previene infecciones futuras pero no elimina una infección ya existente ni sustituye el cribado ginecológico.

Cribado mediante citología

Incluso las personas vacunadas deben continuar realizándose citologías periódicas, ya que la vacuna no protege frente a todos los tipos de VPH y el cribado sigue siendo la herramienta fundamental para la detección precoz.

No fumar, mantener hábitos sexuales seguros y acudir a las revisiones ginecológicas periódicas son medidas complementarias que contribuyen a reducir el riesgo.

Prevención y seguimiento del cáncer de cuello uterino

En Grupo Cabero realizamos revisiones ginecológicas individualizadas que incluyen citología cervical, prueba de VPH cuando está indicada y colposcopia, orientando el seguimiento más adecuado según la edad, los antecedentes y los resultados de cada paciente.

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Este contenido es de carácter informativo y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, consulta con tu ginecólogo.